CAPITANES INTRÉPIDOS

CAPITANES INTRÉPIDOS (Captains Courageous).
AÑO 1937
DURACIÓN 116 min.
PAÍS USA
DIRECTOR Víctor Fleming
GUIÓN John Lee Mahin, Marc Connelly, Dale Van Every (Novela: Rudyard Kipling)
MUSICA Franz Waxman
FOTOGRAFÍA Harold Rosson (B & W)
REPARTO Spencer Tracy, Freddie Bartholomew, Loinel Barrymore, Melvyn Douglas, Mickey Rooney, John Carradine
PRODUCTORA Metro-Golwyn-Mayer
GÉNERO 1937: 1 Oscar: Mejor actor (Spencer Tracy)/ Aventuras. Drama/
Un padre viudo, culto, riquísimo, solidario, secuestrado por el trabajo, da todos los caprichos al hijo y lo envía a un magnífico colegio, pero el padre No educa directamente. «Quizás he criado un pequeño Maquiavelo» dice el padre. “Quiero ser de mayor un magnate” dice el niño.
En un lujoso barco de vapor, la madre lleva al niño a completar su educación a Europa. Educación que según algún contertulio del barco cree no haber empezado todavía. Harvey Cheyne, el niño, presume del dinero de su padre, pide un cigarro turco y un alemán le da un puro, al fumar se siente mareado y sale a cubierta desde donde cae sin que nadie se de cuenta.
Es salvado por Manuel, un pescador portugués que lo lleva a la goleta “We’re Here” (Estamos aquí). Al despertar ordena al patrón que le lleven a Nueva York, su padre les gratificará por ello, él ha perdido el dinero que llevaba encima, y le acusa de habérselo robado. El patrón cansado de la discusión le da un puñetazo.
No consiguiendo convencer al patrón para que abandone la pesca no le queda más remedio que integrarse en la tripulación.
Convive con los pescadores que le han recogido, le enseñan a ser cooperativo, a cumplir normas, a reír en grupo, a entender que el dinero es importante, difícil de ganar pero secundario, a sentirse parte de un colectivo, a sentirse bien por lo que hace, no por lo que tiene –heredado-.
La “terapia” es clara, rotunda, ante el egoísmo lo dejan solo; ante la insubordinación dos buenos cachetes (El capitán dice “Voy a tener que hacerlo”, le da la primera bofetada de su vida y le dice: “Reflexiona”, sin acritud, sin gritos, sin aspavientos); ante el esfuerzo comprensión, ante la solicitud cariño, ante el error perdón. Una vez que él acepta ser del grupo, él es aceptado y todo marcha perfectamente, hasta el punto que le es muy difícil volver con su padre, por el tipo de vida del padre y por las ridículas y extralimitadas comodidades que este le otorga.
Al fin el hijo ha aprendido la lección y parece que el padre también.
El niño es el mismo, esta es la moraleja, pero al principio era insoportable, egoísta, tiránico, estúpido, engreído, jactancioso y al final humilde, simpático, sencillo, amable, colaborador. Es el mismo niño pero con dos opuestas pautas educativas.
Al fin, un método que hoy se utiliza en Dinamarca con adolescentes problemáticos: Embarcarlos y ponerlos en contacto con la dureza del mar y la necesidad de colaborar.
En este lugar del mundo, en este momento histórico, nos tenemos que replantear: ¿Educamos?, ¿Qué es educar?, ¿Qué conlleva?, ¿A qué obliga?
Manuel, el pescador portugués (interpretado por Spencer Tracy y que le valió un Oscar al Mejor actor) tutela al desabrido niño, “Todo hijo necesita un padre” dice, lo llama “pececillo” claramente protector y al tiempo marcando la distancia que los separa, no puede hablar con el niño “de igual a igual”, no lo son. Manuel es un rudo pescador, que ha vivido muchas jornadas, el otro es un niño, eso es, un niño.
Si vemos la publicidad televisiva, apreciaremos la de niños que son vestidos como modelos, ejecutivos.. adultos en pequeños, hay quien los trata como tal, confundiendo la igualdad de derechos con la de conocimiento, autoridad y papel a desempeñar.
Kipling, escribió una gran novela pedagógica, en un inigualable entorno marino. Harvey Cheyne, hijo único de norteamericano adinerado, despreciativo y despótico con los que no son como él, viaja hacia a Europa para terminar su educación, las olas le llevan a otra escuela donde trabajar es necesario para sobrevivir. Se sintió parte de ese grupo, y su integración con ellos se convirtió en un reto para esforzarse, vivir y ser un capitán intrépido.

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