PREOCUPANTE

Publicación: Diario de Navarra
Fecha: 8 de Septiembre de 2009
El enfrentamiento de adolescentes y jóvenes contra la policía en Pozuelo de Alarcón es todo un síntoma de un diagnóstico grave que venimos señalando desde hace tiempo, con una disolución del concepto de respeto, con una devaluación de lo que supone la autoridad y de la aceptación que esta dispone.
Vemos día a día padres que no pueden con sus hijos, ciudadanos que son ridiculizados cuando recriminan a un joven una conducta deplorable, maestros que temen a alguno de sus alumnos y todo ello nos indica que se nos escapa de las manos el autogobierno de cada individuo.
Es cierto que existen fiestas absolutamente masificadas en las que el divertimento empieza a altas horas de la noche y en las que el alcohol y otras drogas imperan.
Quizás en Pozuelo haya faltado la previsión pero no ha de permitirse el botellón pues es en sí mismo una incoherencia y un riesgo.
Tampoco resulta de recibo que para organizar una fiesta juvenil haya que rodearla de policía.
Que haya niños de 14 y 13 años a las cinco de la mañana en la calle, absolutamente bebidos, nos muestra el desbordamiento.
Apreciamos en este momento un grave sentimiento de impunidad en algunos adolescentes y jóvenes, además de una canalización de la violencia que la viven como un puro espectáculo en el que alguno se permite ser un “héroe” para transmitirlo por internet y pasar así a la fama.
No se trata en absoluto de demonizar las nuevas herramientas o instrumentos de comunicación, sino de hacer un uso apropiado de los mismos.
Llegado a este punto y con las leyes que tenemos en menores y en adultos más que suficientes, lo que hace falta son unas sanciones inmediatas y duras que se transmitan por todos los medios para que el resto sepan que el que la hace la paga, que no se puede ocultar nadie en la cobardía de el grupo o en un falso atenuante de alcohol. Que el que lanza una piedra es responsable de la misma, que quemar vehículos de la policía es gravísimo, que acorralar a los miembros de la fuerza de seguridad es totalmente inaceptable para los ciudadanos.
Hoy es el día para dar la palabra a las víctimas, miembros de las fuerzas de seguridad que también tienen hijos y para decirles a los jóvenes que estos magníficos profesionales supieron contenerse aún a sabiendas de que quienes portan las armas son ellos.
La mayoría de los jóvenes reaccionó bien y se retiró, por eso hay que hacer saber a todos las sanciones impuestas a quienes se lo merecen. Veremos en los juicios la tarea de desresponsabilización por parte de algunos padres diciendo la tontería de “todos hemos sido jóvenes”. Es verdad pero por eso mismo no hemos cometido estos hechos vandálicos, que se agravan al hacer una apología del delito alardeando de esta actuación vandálica, sino criminal.
Ahora bien, cuando en televisión se emiten programas donde la gente más inculta y amoral sigue la fama dando lo más soez, ¿que esperamos de nuestros jóvenes?. Cuando el alcohol y otras drogas campan con absoluta impunidad, cuando el ocio se equipara a perder el control, ¿qué esperamos?
Precisamos educar en la sensibilización, en la responsabilidad individual, en la asunción de las consecuencias de los propios actos, y dentro de la educación, la sanción es también esencial, un derecho, sí un derecho, de ser castigados sin contemplaciones a quienes no tienen barreras interiores de socialización.
Jueces, fiscales, abogados han de saber que los miembros de las fuerzas de seguridad esperan no solo su comprensión sino dar un paso con coraje y determinación. Estamos a punto de que algunos jóvenes se rían en su cara de las sentencias judiciales, cuando la autoridad declina, aflora lo más instintivo y despreciable.
Han fallado muchas cosas pero sobre todo, el inocular en cada joven la diferencia entre lo aceptable y lo inaceptable, lo que está bien y lo que está mal. Algún día habrán de ser los propios jóvenes los que señalen con su dedo a aquellos que no les representan, que son unos vándalos incapaces de disfrutar de la fiesta.
El hecho lamentable de Pozuelo nos deja ver un árbol cuyas ramas están muy deterioradas, pero es que el tronco lo está aún más y algunas raíces están podridas.
Nadie puede mirar hacia otro lado, esto ha acontecido en el ayuntamiento más rico de España, todo un símbolo de que algo, mucho, se está haciendo mal. Es hora de que los políticos entiendan que esta crisis de valores, de educación es también muy grave, muy dilatada en el tiempo.
Confío en que los medios de comunicación y los propios jóvenes transmitan en un breve plazo las consecuencias de este estúpido y atroz comportamiento, de no ser así, no se dude, de que otros jóvenes emularán esta forma de conducirse.

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